CUANDO LO QUE TIENES QUE HACER ES, SOLTAR

 Hace unos meses, en mi grupo de terapia de todos los miércoles, nos pusieron a hacer un ejercicio: dos personas, paradas una enfrente de la otra, cada quien con un extremo de un cordón. No nos dieron más instrucciones. Entonces empezamos a hacer "lo que Dios nos dio a entender". Nos veíamos, nos reímos nerviosas, empezamos a jalar un poquito el cordón, a moverlo.

Y entonces algo raro empezó a suceder: cada quien empezó a jalar el cordón para su lado, al principio sutilmente, como para que la otra no se diera cuenta. Pero la otra sí se dio cuenta y jaló de regreso. Y así nos estuvimos un rato hasta que los jalones se hicieron cada vez menos sutiles y más fuertes. Hasta que, al menos yo, me empecé a enojar un poco. Contra mi pareja, contra el cordón, contra la maestra que no había dado instrucción alguna. Y me empecé a poner nerviosa. Pero luego también empecé a preguntarme: ¿pues qué se supone que debo de hacer? ¿Sigo jalando fuerte para "ganar"? ¿Dejo que la otra jale más? Y si si, ¿hasta dónde dejo que la otra jale? ¿Qué se supone que debo aprender de todo esto? Y así me fui un par de minutos más jaloneándome con mi compañera.

Al final, la maestra dijo: Ok, gracias. Ya acabamos el ejercicio.

Y todas nos volteamos ver, extrañadas de lo que acaba de pasar.

Y la maestra dice: Ninguna de ustedes se atrevió a soltar.

¿Quéeeeeee? ¿A SOLTAR? ¿SOLTAR?

Chinnnnn... mi primer pensamiento es: ¡obvio! ¡qué lógico! ¿cómo no me di cuenta? (mi ego brinca luego luego y se enoja conmigo por no saber todo, todo el tiempo y a la primera)

Después empiezo a profundizar en el ejercicio. 

Qué chistoso, al principio no queríamos jalar muy fuerte, no queríamos que se nos notara que no teníamos ni la mayor remota idea de lo que teníamos que hacer ni de lo que iba a pasar. Aunque nos sentíamos inseguras seguimos bien agarradas. ¿No nos han enseñado eso? "No des paso sin huarache" "Un clavo saca a otro clavo" "Más vale pájaro en mano que ciento volando" "Más vale malo por conocido que bueno por conocer", etc, etc, etc... entonces, obvio que no se nos iba a ocurrir soltar el cordón. 

Y de ahí me fui pensando en tantas situaciones en donde soltar es la respuesta. Y también me di cuenta cómo soltar es, tal vez, mi última opción. 

¿Por qué? Siento que no soltar me da una falsa sensación de control. Y cuando me siento "en control" me siento segura, pienso que me puedo anticipar y resolver antes de que pase cualquier "desgracia". (Jajajajaja, no sé por qué pienso que va a pasar una "desgracia" para empezar).

La vida es chistosa porque por ratos te permite disfrutar de esa "calma" y de repente te zangolotea rico y te enseña que nunca estás realmente en control. O más bien, hay cosas que sí puedes controlar y de esas hay que hacerse responsable y hay otras que no puedes controlar, hay que aprender la diferencia. 

¿Se saben la Oración de la Serenidad? Me parece una de las más perfectas:

Dios, concédeme la serenidad para aceptar las

cosas que no puedo cambiar, valor para

cambiar las cosas que puedo y sabiduría para 

reconocer la diferencia.

La sutileza de saber dónde sí y dónde no. Es un arte. Es escucharte. Conocerte. Ser objetivo. Aprender del mundo y de tus experiencias. Ser humilde. 

Las cosas que sí podemos controlar son tan tan personales. Si te levantas temprano, si haces ejercicio, si comes sano, si tienes una vida social, si tomas alcohol o usas drogas, si tienes una buena rutina de sueño en las noches, etc. Para algunas personas unas de estas cosas son muy sencillas y para otras son muy complicadas. Ahí es donde radica la complejidad de soltar, porque no todo es para todos.  Soltar no es unisex ni unitalla.  ES UNIVERSAL.

Bueno, y ¿cómo diablos le hago entonces?

Exacto.

¿CÓMO?

¿CÓMO?


En fin, todo esto para decirles que nuestra hija más grande, está empezando un año sabático de viajes y aventuras por el mundo. Un año de experimentar, regarla, disfrutar, aprender, sorprenderse, perderse, encontrarse... 

Y cada vez que hablo con ella me debo preparar para tener en mi mente esa palabra, ese verbo, esa acción: SOLTAR. Soltarla y darle confianza en ella, en el mundo, en sus capacidades; decirle que está bien equivocarse, aprender, toparse con pared. Abrirse camino. Buscarse la vida. Está bien tener tropiezos y caerse. Y mientras se lo digo, me lo repito una y otra vez a mí misma. 

Y, OK, ya,  ese pedacito de tu corazón anda por el mundo vagando y está bien. Ya la "soltaste", ya cada vez puedes controlar menos lo que le sucede. Y, ¿cómo gestiono lo que me sucede a mi por dentro? ¿Cómo me doy paz, seguridad, tranquilidad, etc? ¿Cómo suelta uno realmente? Porque lo chistoso es que mi cuerpo como que no se da por enterado. 

Respira. Siéntelo. Transfórmalo. Respira otra vez y CONFÍA. 

¡Ahí está! ¡Ahí está parte de la clave! Soltar es parte CONFIAR y parte RENDIRSE. 

¿Me cachan? Confiar en la vida, en que las cosas van a estar bien, confiar que hemos hecho lo posible por adquirir herramientas para enfrentarla, confiar que tenemos recursos propios y externos, confiar que lo que está en nuestras manos lo haremos para estar mejor.

Y rendirse cuando las cosas están fuera de nuestro control. Rendirse cuando una emoción incómoda nos llega (hay que dejarla ser), rendirse a saber que no lo podemos todo, ni todo el tiempo, ni a la primera, ni de manera perfecta. Rendirse a que la vida a veces nos va a mandar momentos intensos y difíciles. No hay de otra.

Así que, aquí ando intentando soltar; antes que la vida se de cuenta que no sé y se ponga creativa.


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