martes, 29 de octubre de 2013

GRACIAS, QUÉ AMABLE

Hoy vi un video en donde a varias mujeres se les preguntaba cómo ven o califican su rol como mamás. Las respuestas en su totalidad, fue dar a notar las deficiencias que sentían en su trabajo como guías de sus hijos. 

"Me falta paciencia", "juego poco con mis hijos, los disfruto poco", "me gustaría estar más segura en las decisiones que tomo", "me gustaría hacerles sentir más a menudo lo mucho que los amo". Todo me resultó familiar, propio, sentido... Todas esas respuestas era yo hablando. 

Días después les piden a las mismas mujeres que regresen a ver un video en donde sus hijos las describen. ¨Mi mamá es mi héroe", "es hermosa, linda y dulce", "me prepara la mejor comida del mundo", "me hace reír y siempre está conmigo", "mi mamá es mi corazón".

Obvio no tengo que decirles que lloré como Magdalena... Mi día había estado bastante malo, me sentía con mucha culpa, cansada, enferma, mis hijos enfermos (otra vez), mi esposo enfermo... Bueno, la víctima más pobrecita del planeta. Y, de repente me llega este video y me cambió tanto la perspectiva y me hizo pensar en muchas cosas.

Una de esas cosas es (alejándome un poco del tema de ser madre), lo difícil que nos parece en general a los seres humanos aceptar las cosas buenas que hacemos. Darles su justo valor y verlas tal cuál son. 

Les pongo ejemplos para que me sea más sencillo explicarles:

Si llevamos tiempo cuidando nuestra alimentación, haciendo ejercicio, por salud o por adelgazar y se nos empieza a notar, en el humor, en el cuerpo, en la energía, etc., y alguien nos felicita, nos dice que nos vemos bien; enseguida nos da vergüenza y empezamos a contestar que nos falta muchísimo, que nada que ver, que apenas si empezamos a cuidarnos. etc., etc., etc.... 

Si hacemos algo bien, si nuestros hijos hacen algo bien, si tenemos una buena idea, si ayudamos a alguien, si cocinamos algo rico, si organizamos una fiesta padrísima, si cantamos hermoso... ¿Qué se yo? El universo es infinito.

¿POR QUÉ ME CUESTA TANTO TRABAJO ACEPTAR UN CUMPLIDO?

Repite: ¡Gracias, qué amable! ¡Gracias, qué amable! ¡Gracias, qué amable!

Hay muchas cosas que hacemos que nos requieren de un gran esfuerzo, logros impresionantes, personales, emocionales, físicos por los que luchamos, o simplemente virtudes, dones o gracias (como les quieran llamar) que nos tocó la suerte de poseer por los cuales agradecer y aceptar las porras y cumplidos.

"¡Qué bonitos ojos tienes!"
"¡Ay! ¿Cómo crees?" Nos sonrojamos, sentimos una falsa humildad y decimos un gracias extraño.

Creo que nos han dejado un poco traumados con eso de que la Humildad es una virtud y que la Vanidad es un pecado. Claro que de forma desproporcionada, pueden llegar a ser muy molestos, la virtud y el pecado por igual.

Pero no nos damos cuenta que nos hacemos mucho daño no aceptando nuestros aciertos, nuestras cosas bonitas, las recompensas de nuestros esfuerzos.

Ojo, no estoy diciendo que vayamos posteando en Facebook, lo chingones que somos y le restreguemos a la gente lo feliz que es nuestra vida.

Simplemente creo que nos vendría bien ser un poco más bondadosos y compasivos con nosotros mismos. Hacernos justicia. Querernos bien. 

Así que he decidido que mi consigna será de hoy en adelante tener un poco más consciencia que cuando me echen una flor, alguien me halague, me digan algo lindo de mi, de mi aspecto, de mi familia, de mi manera de ser... lo voy a aceptar con una gran sonrisa y sin falsas modestias. 

Así que ¡échenme flores que estoy lista para recibirlas!

miércoles, 23 de octubre de 2013

¿GANAR O SER FELICES?


En repetidas ocasiones me encuentro en medio de un argumento (pleito, jaloneo, agarrada de pelos, gritos y sombrerazos) generalmente con algún miembro de mi familia, léase mi marido o alguno de mis hijos y, como si alguien de “arriba” me mandara una señal me paralizo y me pongo a analizar la situación (todo esto mientras sigo gritando, claro, soy “multitasker” por sobre todas las cosas).

Mi primera reacción es: “¿estoy haciendo lo correcto?¿Tengo razón de estar enojada?¿Vale la pena todo esto, lleva a un fin más elevado que el sólo ganar el argumento?

¡Híjole! Obvio, me es super difícil decidirlo. “De nada sirve ser juez y parte”, me podrán decir ustedes. Y si, en la superficie esto es cierto. Es muy complicado ser juez y parte; pero, sin embargo, es el trabajito que venimos a hacer a este mundo (aparte de ser felices, claro).

¿Pero cómo que ser juez y parte es lo que venimos a hacer a este mundo? Pues desmenuzándolo un poco, han de estar de acuerdo conmigo en que encontrar la capacidad de estar conectados a nosotros, de cacharnos en el chantaje, sabotaje, ego, miedo e ira nos ayudaría enormemente a estar en el presente y, por ende, ser felices.

¡Uchalas! Pero, ¿para qué tanta complicación? Pues es que resulta que aparte de vivir con nosotros mismos, con nuestros pensamientos, sentimientos, emociones y sensaciones, compartimos el mundo con miles de millones de personas y personajes (hay gente que no se puede calificar de otro modo). Y cada una de estas personas y personajes (igual y nosotros somos el personaje ¡!) tienen una manera única de ver, sentir, procesar, curar, resolver, retroalimentar y evolucionar. 

Regresando a mi pleito... Estoy en medio de los gritos y sombrerazos, dando mis “razones super válidas” de por qué “x” cosa me molesta. La persona que tengo enfrente me contesta que simplemente no me comprende y me explica sus “razones super válidas” de por qué hizo “x” cosa. ¿Cómo le hacemos? ¿Cómo paramos tanto grito y metemos el freno? ¿Cómo podemos empezar a escuchar al otro si por momentos no sabemos ni escucharnos a nosotros mismos?

Siendo como soy, me he fijado que mi ser siempre busca el equilibrio y lo que creo que es justo. Aún en medio de una discusión que me parece tener ganada aún sin empezar a pelear, me cacho dudando de que lo que creo y siento sea lo correcto. Por supuesto que esta manera de reaccionar (o accionar) me ha llevado a conciliar muchísimas veces, pero he de confesar que ha habido ocasiones en donde siento que no he sido lo suficientemente firme defendiendo mi punto. Y no es tanto el hecho de ganar o que me pidan una disculpa, más bien me encamino a la sensación que se queda dentro mío de satisfacción por poder comunicar lo que me pasa y lo que soy. 

Todo esto lo puedo resumir, en una frase que he utilizado a lo largo de mi matrimonio: “Escoge tus batallas”. No las que creas que vas a ganar, sino las que REALMENTE sean importantes para ti. 

Obvio que si fuéramos el Dalai Lama o Jesucristo, pues nada de esto aplicaría, pero como seres comunes y corrientes (más corriente que común) es imperativo que intentemos conocernos. Es la única posibilidad que tenemos de escucharnos, entendernos y, eso nos llevará a escuchar y entender al otro. 

Cuando un coche va a toda velocidad es bien difícil frenarlo. Así me siento cuando estoy discutiendo algo, mi enojo y frustración van en aumento y por momentos siento ganas de:
  1. Mandar todo a la chingada
  2. Golpear a la persona con la que estoy discutiendo

Ninguna de las dos situaciones soluciona nada. Y entonces he tenido que idear otra manera de proceder. Generalmente intento meterme al baño a solas o quedarme callada cinco minutos escuchando mi respiración y procesando la información que tengo. La mía y la que me da la otra persona. Y ahí es donde empiezan mis preguntas. Esos cinco minutos logran desconectarme del enojo y, me facilitan la tarea de r a z o n a r. Me logro dar un espacio para bajarme los humos y darle oportunidad al otro a explicar lo que le pasa.

Ojo, por supuesto que hay ocasiones que sí me doy cuenta que ya estoy diciendo puras necedades y aún así me sigo montada en la carreta. No es tan sencillo para mí, para  mi ego y mi vanidad, aceptar que “ya se me botó el chango” y que hay más argumentos válidos que los míos.

Y sí, lo óptimo sería que nada de lo que hacen las otras personas me afectara. Pero bueno, ya que sé que esto es un hecho, busco poco a poco la manera de conciliar, llegar a un punto medio y comprometerme a respetar. Suena complicado pero creo que es menos difícil cuando lo que ganas es paz, tranquilidad y felicidad.

martes, 22 de octubre de 2013

HONESTIDAD




Leyendo el blog de Gwyneth Paltrow, sí, el blog de Gwyneth Paltrow (www.goop.com), me encontré con un artículo que me mandó mi hermana hace algunos meses sobre la honestidad.

En ese momento estaba pasando un momento difícil en mi vida matrimonial. Más bien, sigo pasando un momento, ya no tan difícil, pero sí complicado en mi vida de pareja. Y al leer dicho artículo, me cayeron algunos veintes y hoy he sentido la necesidad de releerlo.

Comparte un artículo del Dr. Habib Sadehi en donde explica que los sentimientos que enterramos vivos nunca mueren. Especialmente el miedo. Nos dice que las mentiras provienen del miedo, que es el resultado de situaciones complicadas, traiciones o decepciones.

Esta deshonestidad empieza con el Ser, en principio somos deshonestos con nosotros mismos, cuando no podemos reconciliarnos con una experiencia traumática, simplemente porque no soportamos sentir el dolor de dicha experiencia. Preferimos vivir a largo plazo incómodos en lugar de encarar los sentimientos que un hecho doloroso pueda traer.

No somos deshonestos para cuidar los sentimientos de otras personas, eso es parte de la mentira que nos hemos contado para hacerlo más fácil. Mentimos porque nos estamos protegiendo a NOSOTROS, al dolor que podemos sentir al ver sufrir al otro por nuestra causa, o hasta por el autojuicio que nos brote.

Es muy complicado ser honesto. Es muy complicado aceptar sentimientos (sobre todo cuando son negativos) ante nosotros y mucho más ante otras personas. No es nada placentero sentir dolor. Ni hacer sentir dolor a alguien más. Es muy difícil encontrar la diferencia entre la autocompasión y el dolor real. 

¿Qué sucede cuando por más que racionalmente queremos dejar de sufrir seguimos hurgando en la llaga emocional? ¿Cómo podemos dejar de hacernos daño intencionalmente?

Hoy después de meditar mucho sobre este asunto, llegué a la “brillante” conclusión que tengo demasiado tiempo libre en mis manos y que por eso estoy regresando a clavarme el cuchillo una y otra vez. Y, de repente, me acuerdo de este artículo y me sorprende darme cuenta que ESO ES UNA MENTIRA. No importa si tienes tiempo de sobra o eres la persona más ocupada del mundo: cuando no has terminado de sentir lo que te corresponde, nunca vas a dejar de sufrir. 

Esto me resulta bastante triste y aún más cansado. Las personas, lo único que queremos es “dejarlo ir” ... Let it go... Y si, es un buen comienzo cuando se trata de nimiedades, de situaciones de la vida diaria que permitimos nos empañen los momentos buenos. Enojos tontos y egos heridos.

Pero ya no resulta tan sencillo “dejarlo ir” cuando es tu alma la que exige su momento. Cuando tus fibras más sensibles y tus miedos más profundos han sido trastocados y te han dejado un poco en carne viva. Cuando sientes que “ya la brincaste” y de repente el más mínimo detalle te sorprende removiéndote todo el mugrero otra vez.

¿Cómo logras realmente sanar? El Dr. Habib Sadehi nos propone un ejercicio que me pareció realmente sencillo y atractivo:

Buscar privacidad y tranquilidad. Prender una vela blanca y con reloj en mano escribir durante 12 minutos todo lo que te salga en ese momento. Rabia, enojo, tristeza, ganas de matar a alguien, miedo, etc., todo lo que nos cuesta trabajo sentir, lo que nos da miedo aceptar que sentimos. Escríbelo durante 12 minutos y al terminar NO LO LEAS, acabamos de sacar un buen de energía negativa, de nada sirve regresarla a nosotros. En un lugar adecuado, quemar estas hojas con la vela blanca que prendimos. Este ejercicio nos puede ayudar a ser realmente honestos con nosotros a la vez que nos descargamos de emociones que tenemos atoradas.

Otra amiga, me aconsejó algo parecido. Durante 7 días buscar un momento en tu día, en donde puedas “dejarte caer”. Este será el momento dedicado a la autocompasión y al dolor por completo. Llora, grita, jálate los pelos. Has lo que tengas que hacer para sacar, por este día, esos sentimientos y esos recuerdos que te torturan. Intenta, una vez terminado tu tiempo (tú decides cuánto, pero creo que vienen bien 12 minutos.. jajajaa), seguir tu día en la conciencia de que tu ego tuvo su momento de protagonismo. Trata de estar lo más feliz posible, de tener pensamientos positivos y de no acercarte a recuerdos que te hagan sufrir. Al otro día vas a repetir exactamente lo mismo, si es posible a la misma hora que el día anterior y así sucesivamente hasta que se cumplan los 7 días.

La verdad, yo no he hecho ninguna de las dos cosas, pero creo que puedo empezar por darle rienda suelta a mi pluma, a ver si encuentro alguna manera de sacar lo que traigo atorado. Creo, sé por dónde anda mi respuesta, simplemente me ha resultado muy difícil hacerme responsable de mis emociones y de mi gusto por sentirme víctima.

¿Qué les parece si hacemos este par de ejercicios? Quién sabe, tal vez sean bastante eficientes y logremos, ser un poco mejores personas que ayer.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Personas con capacidades diferentes

Todos los seres humanos somos especiales. Somos únicos. Irrepetibles. Perfectos de pies a cabeza. Todos tenemos virtudes y defectos. Tenemos voluntad y capacidades más o menos similares.

En el mundo existen personas con capacidades diferentes, no me refiero a personas con capacidades especiales, en sillas de ruedas, sordas, mudas, etc... ya me entienden... 

Me refiero a esas personas que nacieron para hacer un cambio en su entorno. Personas que te llegan a las fibras más profundas del corazón y que no hay duda que nacieron para algo muy específico. ¿Conocen a alguien así? Yo si, soy yo... ah! ¡No es cierto! Jjajaaaa... Pero sí tengo la fortuna de conocer a varias personas así.

Una de ellas es la directora de la escuela de uno de mis hijos. Dios, que mujer. Definitivamente nació con un don. Y, tuvo la gracia, de darse cuenta de cuál era su misión en la vida. Todo lo que ella hace se nota hecho con amor, con emoción, pasión, entrega, compromiso, buen humor. "HECHOS, SON AMORES" dice  mi abuela Lola... Así es ella. 

Cada vez que hay algún evento en su escuela, me sorprende lo especiales que nos hace sentir. A nosotros, a nuestros niños. Su puerta siempre está abierta y tiene una palabra de consuelo y de esperanza. Nunca se rinde ni deja de sonreír. Ese tipo de personas son las que me dan esperanza en la humanidad. 

En mi infancia tuve la buena suerte de estar rodeada de adultos que siempre nos dieron lo mejor. Mi niñez estuvo llena de juegos, locuras, anécdotas, aventuras... es muy importante para mí hacer sentir a mis hijos lo especial que es ser niños, lo afortunados que somos. Gracias a personas como Mónica les acerco un poco a lo que me tocó vivir. 

martes, 12 de marzo de 2013

Egoísmo

¿Es naturaleza del ser humano ser egoístas o nos han "programado" para sentirnos así? Entiendo perfecto que no todas las personas se comportan de manera egoísta y que tampoco las mismas cosas nos ¨prenden los faros¨, pero sí creo que en muchas ocasiones las reacciones que tenemos ante la vida son relacionadas con el egoísmo y la envidia.

Les pongo un ejemplo personal (¿por qué no?): un par de amigos de Gerardo (mi esposo, para los que no lo saben) tienen un programa de radio en Playa del Carmen. Han invitado varias veces a Gerardo y, me parece una oportunidad padre y diferente. No le pagan y, sinceramente creo que los únicos que escuchamos el programa somos amigos o familiares, pero eso no es lo importante. 

Sé que el ser humano se enriquece de cada experiencia que tiene, y eso nos hace ser más felices. Aún así no logro sobrepasar mi primera reacción al saber que Jerry se va hoy a la radio. Tengo que aceptar que me dan celos, envidia y que siento ¨gacho¨ que esté haciendo algo padre. Sé que me estoy comportando como una egoísta total y aún así mi corazón y mis vísceras siguen doliéndome. ¿Cómo hacerle?

De principio puedo darme cuenta que es una cuestión personal. Entender que tal vez a mi vida le hacen falta ¨colores¨, experiencias y cosas que me hagan emocionarme al despertar. Pero también me doy cuenta que no me pasa con todas las personas. Lo que quiero decir es que no siento envidia ni coraje cuando gente me platica las cosas padres que hacen. Sólo me sucede con Gerardo. Es como un juego medio enfermizo de.... ¿competencia, tal vez?.

Ser ama de casa te da muchas ventajas, no lo niego. Puedes hacer una gran diferencia en tu familia estando al pendiente de ellos. Las edades de mis hijos son fundamentales para su crecimiento y sé que estar conmigo es lo mejor que les puedo dar. Pero ser ama de casa también requiere a veces de dejarte de lado, y nos vamos quedando rezagadas. A veces esto de ser ama de casa puede ser una excusa, lo sé; pero también es una realidad que el día sólo tiene 24 horas y nuestro trabajo principal es estar atentas a nuestra familia. Todavía no aprendo a darme mi tiempo.

Y todo esto sale porque, aunque Gerardo es un hombre bien familiar, cariñoso y presente en la vida de nuestros hijos; aunque nunca ha faltado a su trabajo y a ser el mejor proveedor de muchas cosas (aparte de lo material); siento mucha envidia que tenga la oportunidad, el tiempo y el placer de darse a sí mismo lo que muchas veces se le antoja. Me da envidia que no tenga que pensar en dónde y con quién dejar a los niños si tiene que ir a Playa del Carmen al radio o a un viaje a México. Me da envidia que, finalmente, aunque tiene 3 hijos igual que yo (espero que sólo sean esos tres ¡!), su independencia se ha reducido muy poco. 

Es una etapa, lo sé. También sé que siempre puedo hacer una elección diferente, conseguirme un trabajo y salirme de mi casa. No es lo que quiero. Sólo me interesa entenderme mejor, entender mis mecanismos, aceptarlos, mejorarlos si es necesario y darme la oportunidad de que cosas como estas no arruinen mi estado anímico. Escribirlo me ayuda muchísimo. Me desahogo, y aunque muchas cosas que escribo me da pena aceptarlas, sé que lo mejor para mi es sacármelas del organismo, así pierden fuerza poco a poco.

Por lo pronto, les invito a que se conecten hoy en la noche a internet a www.pirata.fm busquen por ahi en donde diga Playa del Carmen y el programa se escucha en vivo de 9pm a 11pm (hora del DF), se llama Planeta X. Ahi luego me cuentan. Yo ya me inventé una cenita de terapia anti envidia. Es más sano, ¿no?.

¡Nos vemos pronto! Gracias por leerme.

lunes, 11 de marzo de 2013

Fuera de práctica

Wow! ¡Mi cuenta me acaba de avisar que mi último escrito fue en Febrero del 2011! Creo que ya es buen momento para retomar este espacio que me gusta tanto, que me tranquiliza, me emociona y me conecta con gente conocida y desconocida.

Los que me conocen pues ya saben lo que ha pasado en mi vida, y para los que no me conocen sólo puedo decirles qué me ha pasado: todo y nada. Hoy por hoy tengo ya tres hijos: Emilia (5 años), Joaquín (2 años 10 meses) y Maximiliano (1 año 4 meses).... Es mucho trabajo, pero un poco rutinario. Me he olvidado un poco de mí, de Mariana. Poco a poco estoy empezando a vivir otra vez en mi piel, buscando el balance entre ser mamá a tiempo completo, esposa y mujer.

La verdad no me ha sido nada sencillo. Tengo que reconocer que el trabajo de mamá me envolvió de una manera un poco sorpresiva. Así, sin darme mucho cuenta, entre embarazos, períodos de lactancia y de privación de sueño (y, ¡de la libertad también!); tu persona, y personalidad se van deslavando hasta convertirte sólo en "la mamá de"... Término a la vez sublime y horrible... 

Bueno, sólo quiero re-tomar este espacio que, finalmente, me hace muy bien a mí. Y estos días busco cosas que me hagan sentirme feliz. 

Seguro que poco a poco iré tomando práctica y ojalá me sienta otra vez, como pez en el agua en este blog.

viernes, 4 de febrero de 2011

LÍMITES

Tan difícil que son ponerlos y tan fácil que son traspasarlos, ¿no? Basta un par de copas de vino, un pleito bien fuerte con alguien, estar cansado, estresado.... ¿de qué hablo?
Muy en específico hablo de los límites con los niños... ¡cómo nos cuesta implementarlos! ¡Qué difícil se nos hace respetarlos! Nos cuesta trabajo, sobre todo, porque se los ponemos a nuestros hijos, en mi caso a una niña de 3 años (ya han leído sobre ella), y cada vez que nos ven con ojos de gato con botas de Shrek se nos hace el corazón pasita y los "perdonamos".
Lo que no nos damos cuenta es el gran daño que les hacemos... ¡SÍ! ¡A ellos! ¿Por qué? Pues porque educar es enseñar a las personas a relacionarse con el placer. ¿Qué quéeeee? Pues si, nuestros niños deben aprender a relacionarse con el placer y, por ende, con el malestar (o dolor, no físico, pero emocional).
Les pongo un ejemplo, cuando un niño empieza alguna actividad, siempre resulta novedosa, excitante, sorprendente. Poco a poco, se empieza a hacer algo habitual y pierde un poco de emoción, se empieza a acercar un poco más al "malestar". Digamos que va al fútbol y al principio va feliz y quiere jugar fútbol todos los días de su vida. Poco a poco se empieza a convertir en una rutina y pierde la sorpresa, se vuelve "aburrido", y ya no quiere ir al fútbol. Ahora quiere clases de natación. Cada vez que lo llevamos al fútbol hace un berrinche espantoso, se baja del carro azotando la puerta y gritándonos que nos odia y que somos horribles y que odia el fútbol.
Esto sucede con el baño, las comidas, las lavadas de los dientes... todo... lo que alguna vez fué novedad poco a poco se vuelve rutina y, pierde la excitación.
¿Qué hacemos? Hay algunos papás que dan su brazo a torcer y lo sacan del fútbol. Les lastima ver cómo su hijo "sufre" cada vez que tiene que ponerse el uniforme y salir a correr. Quieren evitarle a toda costa el malestar y la frustración. Piensan: "Va a tener toda su vida para sentir malestar y frustración, enojo y decepción" "Pobre, que disfrute ahora que es niño, de eso se trata la infancia, de no tener preocupaciones, ¿no?".
¿Qué pasará con ese niño? Exactamente como lo piensan sus padres, tendrá una vida llena de malestares, frustaciones y decepciones QUE NO SABRÁ MANEJAR. Pasará de un trabajo a otro cuando se aburra, cambiará de pareja por nimiedades....etc. Siempre estará buscando lo novedoso en algo, lo que le haga senitr excitación y no bienestar. Y el bienestar no siempre te hace sentir contento, sino que te da satisfacción, lo cuál es una emoción más profunda y más permanente.
Otros padres, deciden que hasta que termine el ciclo el niño va a ir al fútbol, así llueve, truene o relampaguee en su interior y se baje todas las tardes llorando, gritando que los odia y que se "quiere morir"...
¿Qué pasará con ese niño? Igual y al final de ciclo de verdad se decida cambiarlo de actividad, igual y no es lo suyo. Pero ese niño entenderá que en todo lo que el humano hace, hay días buenos y días malos. Que está en nosotros decidir lo que sentimos ante todos y todo. Que está bien sentirse a veces un poco aburridos, pero que al fnal del día, no nos fué tan mal. Le enseñamos a MANEJAR EL MALESTAR.
Debemos mantener en nuestro radar que para ser felices y educar niños que sean felices debemos tomar en cuenta tres aspectos:
  1. Capacidad de adaptación: poder estar bien en cualquier lugar y ante cualquier situación.
  2. Capacidad de ser Autosuficientes: dejar que nuestros hijos se EXPERIMENTEN CAPACES. La autosuficiencia es la única y verdadera madre de la AUTOESTIMA.
  3. Responsabilidad: la responsabilidad es una emoción, no un valor moral. Se siente o no se siente. Y es asumir las consecuencias de nuestros actos.

Todo acto humano es el resultado de tomar una decisión, por lo tanto, lo importante sería enseñarles a nuestros hijos a tomar decisiones. Y RESPETARLAS. No quiere decir que los dejemos hacer lo que se les venga en gana. Simplemente mostrarles las reglas (si no haces la tarea en cierto horario no hay cierto privilegio y si en la semana reincides en tu decisión hay una consecuencia mayor el fin de semana), pero TÚ decides qué hacer. Créanme que un par de días sin "X" beneficio y con una consecuencia mayor el fin de semana, cambia las cosas y el niño empieza a hacer lo que queremos que haga (o a decidir como queremos que decida). Lo importante aquí, es que el niño sienta que está en control, aunque sea momentáneo y efímero (Ja! no hice la tarea ni jueves ni viernes!).

Pero al mostrarle los beneficios de decidir bien, seguro empezará a prestarnos más atención y a respetar más nuestras decisiones. Y así, se sentirán más seguros que lo que decidan es respetado.

Y termino con una frase que me llamó mucho la atención, es muy tipo John F. Kennedy, y me parece de lo más sencilla y explicativa:

PREGUNTÉMONOS: ¿Qué mundo le estamos dejando a nuestros niños? Y... ¿QUÉ NIÑOS LE ESTAMOS DEJANDO AL MUNDO?