LÍMITES

Tan difícil que son ponerlos y tan fácil que son traspasarlos, ¿no? Basta un par de copas de vino, un pleito bien fuerte con alguien, estar cansado, estresado.... ¿de qué hablo?
Muy en específico hablo de los límites con los niños... ¡cómo nos cuesta implementarlos! ¡Qué difícil se nos hace respetarlos! Nos cuesta trabajo, sobre todo, porque se los ponemos a nuestros hijos, en mi caso a una niña de 3 años (ya han leído sobre ella), y cada vez que nos ven con ojos de gato con botas de Shrek se nos hace el corazón pasita y los "perdonamos".
Lo que no nos damos cuenta es el gran daño que les hacemos... ¡SÍ! ¡A ellos! ¿Por qué? Pues porque educar es enseñar a las personas a relacionarse con el placer. ¿Qué quéeeee? Pues si, nuestros niños deben aprender a relacionarse con el placer y, por ende, con el malestar (o dolor, no físico, pero emocional).
Les pongo un ejemplo, cuando un niño empieza alguna actividad, siempre resulta novedosa, excitante, sorprendente. Poco a poco, se empieza a hacer algo habitual y pierde un poco de emoción, se empieza a acercar un poco más al "malestar". Digamos que va al fútbol y al principio va feliz y quiere jugar fútbol todos los días de su vida. Poco a poco se empieza a convertir en una rutina y pierde la sorpresa, se vuelve "aburrido", y ya no quiere ir al fútbol. Ahora quiere clases de natación. Cada vez que lo llevamos al fútbol hace un berrinche espantoso, se baja del carro azotando la puerta y gritándonos que nos odia y que somos horribles y que odia el fútbol.
Esto sucede con el baño, las comidas, las lavadas de los dientes... todo... lo que alguna vez fué novedad poco a poco se vuelve rutina y, pierde la excitación.
¿Qué hacemos? Hay algunos papás que dan su brazo a torcer y lo sacan del fútbol. Les lastima ver cómo su hijo "sufre" cada vez que tiene que ponerse el uniforme y salir a correr. Quieren evitarle a toda costa el malestar y la frustración. Piensan: "Va a tener toda su vida para sentir malestar y frustración, enojo y decepción" "Pobre, que disfrute ahora que es niño, de eso se trata la infancia, de no tener preocupaciones, ¿no?".
¿Qué pasará con ese niño? Exactamente como lo piensan sus padres, tendrá una vida llena de malestares, frustaciones y decepciones QUE NO SABRÁ MANEJAR. Pasará de un trabajo a otro cuando se aburra, cambiará de pareja por nimiedades....etc. Siempre estará buscando lo novedoso en algo, lo que le haga senitr excitación y no bienestar. Y el bienestar no siempre te hace sentir contento, sino que te da satisfacción, lo cuál es una emoción más profunda y más permanente.
Otros padres, deciden que hasta que termine el ciclo el niño va a ir al fútbol, así llueve, truene o relampaguee en su interior y se baje todas las tardes llorando, gritando que los odia y que se "quiere morir"...
¿Qué pasará con ese niño? Igual y al final de ciclo de verdad se decida cambiarlo de actividad, igual y no es lo suyo. Pero ese niño entenderá que en todo lo que el humano hace, hay días buenos y días malos. Que está en nosotros decidir lo que sentimos ante todos y todo. Que está bien sentirse a veces un poco aburridos, pero que al fnal del día, no nos fué tan mal. Le enseñamos a MANEJAR EL MALESTAR.
Debemos mantener en nuestro radar que para ser felices y educar niños que sean felices debemos tomar en cuenta tres aspectos:
  1. Capacidad de adaptación: poder estar bien en cualquier lugar y ante cualquier situación.
  2. Capacidad de ser Autosuficientes: dejar que nuestros hijos se EXPERIMENTEN CAPACES. La autosuficiencia es la única y verdadera madre de la AUTOESTIMA.
  3. Responsabilidad: la responsabilidad es una emoción, no un valor moral. Se siente o no se siente. Y es asumir las consecuencias de nuestros actos.

Todo acto humano es el resultado de tomar una decisión, por lo tanto, lo importante sería enseñarles a nuestros hijos a tomar decisiones. Y RESPETARLAS. No quiere decir que los dejemos hacer lo que se les venga en gana. Simplemente mostrarles las reglas (si no haces la tarea en cierto horario no hay cierto privilegio y si en la semana reincides en tu decisión hay una consecuencia mayor el fin de semana), pero TÚ decides qué hacer. Créanme que un par de días sin "X" beneficio y con una consecuencia mayor el fin de semana, cambia las cosas y el niño empieza a hacer lo que queremos que haga (o a decidir como queremos que decida). Lo importante aquí, es que el niño sienta que está en control, aunque sea momentáneo y efímero (Ja! no hice la tarea ni jueves ni viernes!).

Pero al mostrarle los beneficios de decidir bien, seguro empezará a prestarnos más atención y a respetar más nuestras decisiones. Y así, se sentirán más seguros que lo que decidan es respetado.

Y termino con una frase que me llamó mucho la atención, es muy tipo John F. Kennedy, y me parece de lo más sencilla y explicativa:

PREGUNTÉMONOS: ¿Qué mundo le estamos dejando a nuestros niños? Y... ¿QUÉ NIÑOS LE ESTAMOS DEJANDO AL MUNDO?

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