CUANDO LO QUE TIENES QUE HACER ES, SOLTAR
Hace unos meses, en mi grupo de terapia de todos los miércoles, nos pusieron a hacer un ejercicio: dos personas, paradas una enfrente de la otra, cada quien con un extremo de un cordón. No nos dieron más instrucciones. Entonces empezamos a hacer "lo que Dios nos dio a entender". Nos veíamos, nos reímos nerviosas, empezamos a jalar un poquito el cordón, a moverlo. Y entonces algo raro empezó a suceder: cada quien empezó a jalar el cordón para su lado, al principio sutilmente, como para que la otra no se diera cuenta. Pero la otra sí se dio cuenta y jaló de regreso. Y así nos estuvimos un rato hasta que los jalones se hicieron cada vez menos sutiles y más fuertes. Hasta que, al menos yo, me empecé a enojar un poco. Contra mi pareja, contra el cordón, contra la maestra que no había dado instrucción alguna. Y me empecé a poner nerviosa. Pero luego también empecé a preguntarme: ¿pues qué se supone que debo de hacer? ¿Sigo jalando fuerte para "ganar"? ¿Dejo que la otra j...
